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lunes, 25 de octubre de 2010

La Sierra - trailer



La terrible situación social de un país; este documental evidencia las grandes falencias en materia de soluciones de conflictos que existen en Colombia, y más pareciera que este tratamiento es el único camino por el que la sociedad colombiana debe transitar. La falta de capacidad para identificar las posibles soluciones que realmente resolverán el conflicto tanto de parte de las personas como del estado, nos pone a pensar que papel juega la educación en estas situaciones, no somos críticos con nuestra educación, lo que nos hace llegar hasta esos medios irracionales y absurdos de enfrentar nuestros problema.

Esta es la increíble historia del coprotagonista del documental La Sierra, un desmovilizado que hoy, en relativa paz, vive su propia marginalidad.
Nació el 20 de agosto de 1983, en el barrio La Sierra, en Medellín. Su nombre, Jesús Martínez. A los 15 años, el adolescente que se había criado con un padrastro, una mamá y dos hermanos, entró a formar parte del bloque Metro, la célula paramilitar que, por ese entonces, empezó a controlar el filo de la comuna centro-oriental de la capital antioqueña.
El número de crímenes que allí cometió sigue siendo incierto. Fue famoso por la habilidad en el uso de las armas, aun cuando perdió su mano izquierda cuando elaboraba un artefacto explosivo. "Fui un bandido total, fui un guerrero. Sé exactamente quién fui", dice mientras mira fijamente hacia el suelo.
Tal vez por todo eso, por pasar de víctima adolescente a joven victimario, Jesús o El Patrón, como hoy le dicen otros desmovilizados en el barrio, fue el coprotagonista –junto a dos vecinos más, Cielo y Edison– del muy aclamado documental La Sierra (ver recuadro), que lo catapultó a la fama como uno de los jóvenes insignes del ya largo conflicto urbano de Medellín.
CAMBIO fue hasta su casa. Se adentró en ese barrio al que, según las estadísticas populares, sólo dos taxis de 10 suben desde Medellín. Un punto marginal que, además, es vecino de otra célebre y trágica zona: Villatina, donde una avalancha de tierra acabó, en 1987 y de un solo tajo, con más de 400 vidas.
La Sierra es un barrio donde habita gente que Luis Guillermo Pardo, ex asesor del programa Paz y Convivencia en Medellín, define como "pobladores que han vivido en un entorno de miseria, agresión y abandono estatal, bajo el fantasma del enriquecimiento fácil". Una comunidad que ha crecido con el impulso de las bases milicianas guerrilleras de finales de la década del 80 y de las bandas delincuenciales al servicio del narcotráfico, y que, como insiste Pardo, "ha vivido en divisiones y poderes territoriales, en una subcultura de la guerra".
La Sierra se mueve todo el tiempo. Niños y adolescentes van y vienen. No se ven hombres maduros. La economía informal parece ser el único empleo. Todos observan de reojo. Se entiende que todo se entiende. Unos niños le dicen a CAMBIO: "¡Ah, ustedes son los que van a donde Jesús!". Otros juegan a dispararse de mentiras con maderos en forma de largas armas. Todo sigue bajo un control tácito. Y lo más increíble, los ex ‘paras’ son tan pobres como todos en La Sierra.
Margarita Martínez, codirectora del documental La Sierra, afirma que el hecho de que haya habido una entrega de armas no significa que la desmovilización genere una desarticulación de las organizaciones. "Todavía ellos, el proletariado de la guerra, siguen siendo las autoridades del área".
Sin embargo, en medio de la extrema pobreza, la parroquia intenta hacer algo. Con el esfuerzo de dos padres ecuatorianos y dos seminaristas, 80 niños reciben almuerzo diario en La Sierra, y más de 200 van a la escuela. "Pero son casi 1.000 los niños que viven aquí. Niños que se pierden. Niñas de 13, 14 ó 15 años que se prostituyen por 10.000 pesos –dice el padre Jaime, un verdadero héroe perdido en esta guerra–. Este es un tema de pobreza, exclusión y marginalidad. Si el Estado sigue con su abandono, la guerra continuará",
"A mí me faltó más tolerancia. Más ganas de salir adelante –recalca Jesús–. Claro está que si el Estado se hubiera aparecido por aquí, pues las cosas hubieran sido diferentes. Aquí prácticamente nos tocó defendernos solos. Todo esto tiene que ver con el abandono del Estado".
Jesús, que aparece a lo largo y ancho del documental consumiendo droga, le confiesa a CAMBIO, sentado en una silla frente a su casa, que mira una Medellín lejana, que aún no ha dejado de hacerlo, que está tratando, y que no es fácil. Que por cuenta de ella sufrió de delirio de persecución. Que "...todos pensábamos que ya nos íbamos a morir".
Ante la última pregunta que CAMBIO le hace: ¿Ahora usted es feliz?, Jesús simplemente responde: "Totalmente. ¿No me ven que estoy vivo?".
 para mayor informacion del documetal viste la pagina:  
http://www.lasierrafilm.com/espanol/noticias.htm

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